Mario Eduardo Muro

Médico Egresado de la UBA
Especialista en Oftalmología
Alcorta 480- consultorio 3
Z9400 Río Gallegos- Argentina
Tel 02966-431493
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El sábado 9 de agosto estaré atendiendo en TM Salud, Avenida del Libertador 1824, El Calafate. Para solicitar turno diríjase a TM Salud o llame al 493954


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Las más de las veces el fichero de historias clínicas de un consultorio consiste en cajones rebosantes de fichas de cartulina escritas a mano. Si el número de fichas es elevado, el asunto se complica y se necesita una férrea disciplina para mantener el orden de las mismas. Eso es tecnología del siglo XV en pleno siglo XXI. Pero somos médicos, no ingenieros, ni programadores, ni analistas de sistemas. ¿Cómo informatizar nuestro fichero entonces? Ánimo: tampoco somos mecánicos, pero ese conocimiento no es imprescindible para aprender a manejar un auto.

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Muchas veces recibo consultas de padres preocupados por la salud ocular de sus hijos. Al verlos navegar o chatear durante interminables horas, temen que la prolongada exposición al monitor termine dañándoles la visión. Este miedo es totalmente infundado, pero no es el tema que me ocupa ahora. Los peligros de la internet son otros.

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Hay clichés periodísticos que cuando faltan, los extrañamos. Y el Año Nuevo está lleno de ellos: el primer turista que arriba a Mar del Plata, el primer nacimiento en la localidad. Como también son clásicos los informes desde las guardias médicas contabilizando el número de accidentados y cuantificando su gravedad. Le doy algunas pautas simples a seguir para no ser protagonista de esos informes.

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Stefan Zweig cuenta en su autobiografia "Un mundo de ayer" que su padre, un importante empresario textil, ya a los treinta años usaba monóculo y barba, y caminaba de un modo grave y lento. Imitaba de esa forma el aspecto y los modos de un hombre mucho mayor, intentando dar a sus clientes y socios una imagen seria, respetable. Es evidente que en la Europa de fin del siglo XIX la juventud no tenía el prestigio ni la simpatía de la que goza actualmente. Pero en algún momento-muchos afirman que luego de la I Guerra Mundial, luego de que millones de muertos hicieran de los hombres jóvenes un bien escaso- la marea cambió y el aspecto juvenil comenzó a ser deseable y buscado. Los quevedos, anteojos, monóculos e impertinentes, ligados a las personas mayores, pasaron de moda y muchos evitaban su uso o sólo los usaban cuando era imprescindible. Desde entonces que los oftalmólogos y la industria óptica buscan un modo de superar la presbicia sin que se note. Y uno de ellos, el monóculo, fue el abuelo de las técnicas que se usan hoy.

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